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Voces que dejan su huella en Rosario

El Concurso Municipal de Poesía “Felipe Aldana” es uno de los premios más importantes de la ciudad de Rosario. Cada año nuevas plumas envían sus poemas, y apuestan a poder inscribir su nombre en la geografía literaria santafesina. Este medio dialogó con tres de los finalistas de la Categoría Mayor sobre el certamen, sus impresiones literarias, y la poesía santafesina.

Por Álvaro Marrocco. En la ciudad de Rosario, al igual que en otras ciudades, existe cierta tradición que premia a los autores jóvenes (y no tanto) otorgando prestigio, visibilidad y una prueba de fe. El Concurso Municipal es un premio valorado e inserto en la cultura de nuestra ciudad; además de la difusión a quien lo gana, también es una gran vidriera. El pasado 14 de marzo se dieron a conocer los resultados del Concurso Municipal de Poesía Felipe Aldana 2023, organizado por la Editorial Municipal de Rosario. Sobre un total de 453 obras, el jurado integrado por Lucía Bianco (Punta Alta, 1979), Daniel Samoilovich (Buenos Aires, 1949) y Santiago Venturini (Esperanza, 1981). Mirador Provincial dialogó con tres de los finalistas de la Categoría Mayor: Martina Sierra (Pergamino, 1994), Florencia Giusti (Rosario, 1989), y Sergio Chaparro (Caacupé, 1998) sobre el certamen, sus impresiones literarias, y la poesía santafesina. -¿Cómo las tomó la noticia de haber sido finalistas en el concurso municipal de poesía 2023? -Martina Sierra: Me tomó por sorpresa. Si bien no es que mandé la solicitud y me olvidé, trataba de no pensar mucho para no ilusionarme. Así que la recibí con mucha felicidad. Florencia Giusti: ¡Muy contenta! Entré a wassap y tenía varios mensajes de amigxs y conocidxs que me felicitaban. Hace varios años que participo activamente de las propuestas de concursos literarios en la ciudad de Rosario y particularmente de este ¡Desde el 2008! Sergio Chaparro: Es una alegría inmensa, “che mbo korasõ rory” podría decir, que es algo así como “me conmueve el corazón”. Poder haber compartido el proceso con amigas es aún más gratificante. Nos leíamos y corregíamos poemas algunas tardes de verano. La poesía es un hecho colectivo. -¿De qué trata el poema finalista? -MS: Tomo a la poesía como un espacio de catarsis y de reflexión interna, de conectar con mis sentimientos, me gusta escribir para poder entenderme a mí misma. También contar lo que veo en la ciudad o las cosas que me gustarían que sucedan FG: La mayoría de las veces digo que cada poema tiene un proceso distinto y particular. Prefiero pensar en poemas, más que en poesía. Quizás la poesía se trata de eso, de un poema, la mayoría de las veces. Mis ideas se materializan cuando tengo sobre todo una imagen o una sensación a la que volver. El movimiento últimamente para escribir me interesa mucho: bailar, caminar, andar en bicicleta, etc. Hace un tiempo que pienso en la idea de desplazamiento como forma para llegar al poema. SC: La poesía siempre trata, al menos para mí, de habitar lugares, personas y experiencias que nos atraviesan. “Un verano paraguayo” ha sido un puente entre mi familia y una gran pérdida. Escribir me acerca, me sana y reconstruye recuerdos ahora felices. -¿En qué otros concursos han participado? -MS: Había participado en el concurso anterior de Felipe Aldana del 2017, creo pero, no había sido seleccionada. Ese año formé parte de la residencia del festival de poesía (FIPR). FG: Como dije anteriormente, participo activamente del concurso Felipe Aldana desde que tengo 18 años. Siempre me pareció un motor para presentar proyectos de libros, fue un gran aprendizaje haber participado muchas veces. Obtuve dos becas del Fondo Nacional de las Artes, una de creación y otra de formación. Con proyectos en los que había poesía pero más cercanos al diario y a la autobiografía. SC: En este momento no recuerdo ninguno, quizás este fue el primero del que participé. -¿Qué poetas santafesinas/os leen? -MS: Ansío por leer el resto de los libros premiados.Todos los libros de la colección Felipe Aldana me encantan. FG: Tengo mucha vinculación con la poesía santafesina. Mi primer libro, Anillos de Saturno (2018) fue publicado por la editorial Corteza de Santa Fe. Muchos amigxs de la poesía viven o son de la ciudad: Agustina Lescano, Gonzalo Vega, Ariel Aguirre, Rosina Lozeco, Victoria Rittiner, Santiago Venturini. Otrxs escritorxs entrañables para mí y que ya no están: Estela Figueroa, Fernando Callero, Juan Manuel Inschauspe. Seguro esta lista puede ser mucho más extensa. SC: Últimamente, volví seguido a la poesía de Manuel Inchauspe y Santiago Venturini. También una tarea que disfruto mucho es seguir conociendo la obra de Mario Castel, hay un poema “la galería” que está inspirado en un texto suyo, donde él menciona que las galerías funcionan como punto de encuentro en las familias paraguayas. -¿En qué proyectos literarios están trabajando? -MS: Simplemente seguir leyendo y escribiendo, quizás en otros formatos, también además de poesía. FG: Tengo varios proyectos empezados. El más definido es una novela sobre mi abuela, la pastelería, y los procesos de escritura que estuve trabajando en un taller con Mercedes Halfon, una escritora de Buenos Aires. Ese taller fue de gran ayuda para darle una forma más definida al proyecto. Me está interesando la idea de montaje/collage/proceso/ en la escritura. Por lo que también estoy explorando eso en algunos poemas. Mi interés ahora se está relacionando con prácticas artísticas que están cercanas a lo visual, con la fotografía y el collage, por ejemplo. Por eso creo que están deviniendo proyectos más bien híbridos. Me parece interesante entrar y salir de la escritura, o más bien, hacer que entro y que salgo de la escritura para ver que sucede en ese pasaje. SC: Escribo intermitemente una bitácora sobre el lugar que ocupa el trabajo en mi vida y mi oficio como florista. Además, descubrí hace muy poco la natación, últimamente pienso mucho en el agua, hay mucha poesía allí. No sé si me llevará a un proyecto, pero algún proceso con la escritura habrá seguro. Así escriben Martina Sierra (Pergamino, 1994) Quisiera ser rosarina / haberme criado en un barrio / cruzarme en la calle a compañeros de jardín / la secundaria haberla hecho en el poli / (o al menos haber intentado entrar) vivir en la casa de mis padres hasta los 24 / los domingos ir a almorzar con la familia / que mis abuelos hayan terminado la escuela / no estar obligada a viajar para las fiestas / cuando era chica haber sabido de la existencia de ciertas bandas por ver los posters en las paredes / saber cómo era la ciudad antes que mirara al río / heredar casas / tener más de 30 y haber vivido siempre en una misma ciudad / saber qué responder cuando me preguntan de dónde soy Florencia Giusti (Rosario, 1989) Esta tarde que caminamos / por el barrio para comprar algo de comer / y nos cruzamos de góndola en góndola. Ahora que conozco tu barrio y el súper / en el que comprás todos los días, y ya no me tenés que indicar como ir. Porque ahora conozco tu chino como la palma de mi mano. Quizás después muchos años no sepa / como volver de tu casa / ni de qué color fue el portón del súper La paloma de la paz. Pero ahora que nos deslizamos por el barrio como viejitas / con sus bolsas de red de todos los días. Llueva o truene los abuelos salen a comprar su leche / y deambulan por las góndolas como dos enamorados, pacientes y enteros, consultando precios y acomodando / en el canastito rojo / masitas de salvado, queso untable. Ahora que conozco tu chino / como el de a la vuelta de mi casa que no tiene esos alfajores grandes que a vos te gustan / y que hay otras cosas que en mi chino nunca conseguiré. Sergio Chaparro (Caacupé, 1998) La galería Bajo un techo de tejas coloradas / sostenida por columnas / revestidas de piedras hay un piso de baldosas marrones / que ingeniosamente disimulan el polvo. Cada noche mi familia se reúne ahí / en sus sillones de cables de colores / que se mecen, arrullando nuestros cuerpos adultos. Mientras la noche cae fresca / el intenso calor que en el día nos quemó / ya es solo un viejo recuerdo. Nadie prende una tele de fondo / no suena la radio / solo cantan algunos grillos que nuestros oídos acostumbrados / ya no escuchan. Ahora sé dónde aprendí a amar / el silencio nocturno / que cada tanto es cortado por nuestras conversaciones familiares.

  
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