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Ciudades que publican: las editoriales municipales como herramientas para fomentar la producción literaria local

Los estados locales cuentan con políticas públicas activas que buscan promover la bibliodiversidad y apoyar a los y las autoras locales. La Editorial Municipal de Rosario funciona desde hace 30 años y en Viedma se creó una el año pasado. En Mar del Plata, la ordenanza 22.464 que creaba el Fondo Editorial Municipal nunca se implementó.

Por Triana Kossmann. El mercado editorial está dominado por los grupos internacionales que nuclean cada uno numerosos sellos y que aparecen como dos grandes conglomerados, de manera que tanto las y los autores que se publican, la circulación, los títulos, la distribución, los precios y el número de ejemplares de las tiradas son factores que dependen, esencialmente, de la rentabilidad de estos grupos.Por otra parte, existe un espacio creciente de edición independiente, que incluye una gran cantidad de pequeñas y medianas editoriales no alineadas a estos grupos internacionales y que agregan otra dimensión para alcanzar un mercado más diverso. Además, el avance de las transacciones online, la impresión a demanda y los formatos digitales, entre otras características, hicieron que las condiciones fueran cambiando paulatinamente y hoy existe una creciente bibliodiversidad en el mercado editorial argentino. Este último es un concepto que gana terreno en el panorama editorial e implica, en términos prácticos, que las nuevas voces también encuentren posibilidades de surgir, consolidarse y ocupar un lugar en los escaparates, de manera que puedan convivir libros de autores y autoras noveles con personalidades consagradas en las estanterías de las librerías, con variedad de abordajes, estilos y temas. Algo que, a primera vista podría considerarse un poco a contramano de la lógica industrialista. Pero el arte en general y la literatura, como toda la producción escrita en soporte tanto digital como analógico, y en esencia como expresión cultural, cuestiona esas lógicas de repetición y producción en serie, al tiempo que juega un rol fundamental en la construcción de las identidades locales. Es por esto que, en ocasiones, los estados eligen tomar un papel activo con políticas públicas que incidan directamente en la promoción de la producción literaria local y la difusión de la obra de autores y autoras que forman parte de sus comunidades. A nivel nacional se han propuesto leyes como la creación del Instituto Nacional del Libro, que aun no se ha aprobado, así como programas especiales como el Plan Nacional de Lectura. A nivel provincial y municipal, algunas experiencias exitosas se han dado en torno al desarrollo de sellos editoriales públicos, con pautas de trabajo diversas pero siempre centradas en esta necesidad de fomentar el libro local y la lectura en la comunidad. Desde Revista Leemos charlamos con dos referentes de editoriales municipales que se encuentran en diferentes etapas de su trayectoria: el escritor Oscar Taborda, director de la Editorial Municipal de Rosario y la escritora y trabajadora cultural Cintia Ubeda, directora de la Editorial Municipal de Viedma denominada El mismo río. Rosario: una experiencia consolidada La Ciudad de Rosario, en la Provincia de Santa Fe, cuenta con su propia editorial municipal desde 1992. La misma se creó a través de una Ordenanza pero, este aspecto, de acuerdo a su director, “hubiera sido meramente una carta de buenas intenciones si la Secretaría de Cultura no hubiera dotado a la editorial de equipos idóneos, recursos suficientes y sostenidos a lo largo del tiempo”. Oscar Taborda, director de la EMR (Foto: Télam) Oscar Taborda se encuentra a cargo de este sello editorial que tiene una trayectoria sostenida y que se funda bajo la premisa de constituirse como “una herramienta para el desarrollo cultural de una ciudad y una región; puede fomentar la bibliodiversidad, subrayando el valor social de los libros por encima de su valor comercial”. El autor y gestor destaca que para cumplir con el objetivo de contribuir a la promoción, difusión y circulación de la producción literaria local y regional, el sello público tuvo que manejarse en muchos aspectos “con el profesionalismo y hasta el espíritu de las editoriales independientes, compartiendo sus hábitos y espacios de circulación, como son las ferias y librerías especializadas en nueva literatura”. Una de las claves para que esto ocurriera y se sostuviera en el tiempo, a través de los recurrentes cambios de gestión en la administración pública, tiene que ver con que la misma idea de que la existencia de la editorial ya formaba parte de una política de Estado en el campo cultural. En el trabajo concreto, la Editorial Municipal de Rosario publica libros de autores locales que se deciden a través de concursos y convocatorias de poesía, narrativa, literatura infantil, fotografía, historieta, y cuya selección es hecha por jurados de reconocida trayectoria. “Pero también hemos realizado antologías, de poesía e historieta, designando a uno o más editores para su selección”, aclara Taborda. Para ello, la editorial firma contratos a corto plazo por tiradas en promedio de 500 ejemplares -pero con una política activa de reedición- con el fin de darle la oportunidad a los y las autoras de republicar su obra en otra editorial luego del envión inicial. En cuanto a la distribución de esos libros, Taborda comenta que “tenemos un stand comercial en el centro de Rosario, distribuimos nuestros libros en todas las librerías de la ciudad y también, a través de una distribuidora radicada en Buenos Aires, en librerías de CABA y Gran Buenos Aires, La Plata, Córdoba, Mar del Plata, Santa Fe, Bahía Blanca, Paraná, etc. Nuestra página web tiene un enlace a la tienda virtual de la distribuidora para que puedan comprarse y enviarse a cualquier parte del país”. Con colecciones abiertas sobre los más diversos géneros y abordajes, entre otros planes, la Editorial Municipal de Rosario se encuentra próxima a publicar un libro que reúne “alrededor de 300 sellos de librerías actuales e históricas de Rosario, fotografiados de la primera página de libros que integran diversas bibliotecas personales con el ánimo de establecer un primer catálogo visual del rubro y resaltar, a la vez, siendo que abarca un período de más de cien años, una parte significativa de la memoria de la comunidad lectora local”. El sitio para conocer esta editorial es este y su perfil de Instagram, acá. Viedma: la identidad de la comarca El caso de la Editorial Municipal de Viedma, capital de la Provincia de Río Negro, es del todo diferente de la que puede esperarse para un sello público de una ciudad. Es que esta localidad, su gente y su memoria histórica está atravesada por la proximidad y el desarrollo conjunto con la ciudad de Carmen de Patagones, en la Provincia de Buenos Aires. El hecho de que ambas ciudades pertenezcan a administraciones diferentes había imposibilitado hasta ahora un trabajo unificado en la difusión de la obra de autores y autoras que expresan la identidad de la comarca. Cintia Ubeda, directora de la Editorial Municipal de Viedma, El mismo río. Sin embargo, desde que se aprobó por unanimidad en el Concejo Deliberante de Viedma la ordenanza que crea el sello editorial municipal el año pasado, el abordaje de las producciones literarias y de conocimiento ya no distingue si un autor o autora reside en una de las ciudades y trabaja en la otra o al revés. De hecho, el nombre de la editorial que se asignó a través de un concurso es El mismo río, y busca hacer hincapié en aquello que une a ambas ciudades y que las convierten en una sola comunidad. Así lo destaca Cintia Ubeda, escritora y directora de la editorial que se encuentra dando sus primeros pasos, pero que ya cuenta con varios objetivos cumplidos a corto plazo: “Hicimos el concurso por el nombre de la editorial, nos pusimos en contacto con las supervisiones del Concejo de Educación para trabajar en la difusión de autores locales en las escuelas, por medio de encuentros y de un proyecto que se llama ‘Entre libros, autores y lectores’; abrimos una convocatoria a inscripción de autores locales, se traspasaron los talleres literarios que pertenecían al área de educación y cultura al área editorial, y los talleres se siguieron dando”. En apenas un año de vida, la editorial de Viedma publicó la antología Agüita Fresca, un trabajo que reúne la obra de los autores fallecidos María Cristina Casadei, Juan Raúl Rithner y José Luis Blanco, “pioneros en escribir literatura para infancias en nuestra comarca”, explica Ubeda. Además, el libro Piedra Libre para el monte es un trabajo entre la Subsecretaría de cultura, la editorial municipal y la Secretaría de ambiente y espacios públicos: una publicación para pintar “que tiene un trabajo con expertos biólogos y un aporte literario que, por medio de leyendas, poesías, trabalenguas, etc, se trabaja con la realidad del ambiente local y los animales en peligro de extinción de nuestra región”. Entre los objetivos de la editorial de Viedma también se destacan el apoyo a la difusión de la obra de autores locales; organizar la Feria del Libro que ya lleva 11 años y que desde 2021 está a cargo del área editorial; y realizar presentaciones de libros en los espacios y con el equipamiento y la organización de la editorial en diferentes lugares, entre otros. “Como provincia tenemos la experiencia de la editorial municipal de Roca y de Bariloche, que serían los dos lugares que tienen una trayectoria como editoriales municipales. Y como gran editorial tenemos la de la Provincia de Río Negro. Pero lo que ofrece la nuestra es algo que la editorial de la provincia no hace: que los autores de Patagones -que pertenece a otra provincia- puedan publicar en nuestra comarca, porque la diferenciación es de gobierno, es política pero no de la gente, somos una comarca”, comenta Úbeda. Por el momento, el área editorial de Viedma cuenta con un equipo de reducido de trabajo, pero tienen en claro que “una ciudad se define y se da a conocer a través del arte, la cultura y sus artistas” y que el estado “tiene que hacerse cargo de acompañar a los autores, no solamente con las publicaciones: tiene que acompañar, asesorar y dar a conocer la obra de los autores más allá de que hayan publicado o no en nuestra editorial”, finaliza Ubeda. Para conocer más sobre el trabajo de la Editorial, pueden consultarse sus páginas de Facebook e Instagram. Mar del Plata: un Fondo Municipal Editorial que nunca fue En noviembre de 2015, cuando faltaban pocos días para que se renovara el Concejo Deliberante y cambiara la gestión de gobierno, se aprobó en el recinto de sesiones la Ordenanza 22.464 que en su artículo 2° crea un Fondo Editorial Municipal “destinado a promover la edición de obras de autores locales” y en el artículo 4° complementa este fondo con la creación de un Consejo Editorial Municipal, el mismo que debiera tener la capacidad de decidir cuáles serán las obras a publicar y para las cuales se utilizarán los recursos del Fondo. Además, la norma establece que los dineros que conforman el Fondo serán aportes de: “a. La Secretaría de Cultura; b. Editoriales privadas no locales que integran el circuito comercial. El aporte será el equivalente al importe de cien ejemplares de la obra del mayor valor del género de la convocatoria; c. Aportes de entidades públicas; y d. Aportes de personas físicas y/o jurídicas.” En la Ordenanza que firmaron para el registro quienes eran concejales Diego Monti y Ariel Ciano, el entonces intendente Gustavo Pulti y su secretario de Cultura, Leandro Laserna, se determina que deben realizarse dos convocatorias a autores y autoras al año, que las tiradas tienen que ser de 300 ejemplares, que se deben destinar ejemplares de esos libros publicados a través del Fondo Editorial Municipal a las Bibliotecas Municipales y que aplicarán beneficios a las personas físicas y/o jurídicas que aporten al Fondo, entre otros asuntos específicos. Sin embargo, y aunque la norma se aprobó por unanimidad y tanto el menguante gobierno local de entonces como la creciente oposición -que asumiría la conducción del Municipio pocas semanas después- estaban de acuerdo con la necesidad de implementar una clara política pública para promover la producción literaria en General Pueyrredon y apoyar la obra de los y las autoras de la ciudad, la ordenanza nunca se implementó, el Fondo Editorial Municipal nunca se conformó y nunca se comunicó si el Consejo Editorial Municipal llegó a convocarse a reunión alguna vez. En los siete años que pasaron desde su sanción, la normativa no se derogó ni se modificó: sigue vigente hasta hoy.
  
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