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Viñetas al límite

Cinco novedades de historieta muestran la vivacidad del medio en abordajes que exploran fronteras geográficas, sexuales, experimentales o informativas.

Por Javier Mattio  Antologías temáticas, investigación política, clásicos reciclados, experimentos inclasificables: los cómics no se toman vacaciones en tiempos de sequía editorial y se barajan en polimorfas variantes, ya sea en ediciones locales o foráneas. Hermanados en su condición aglutinadora en base a un tópico, Las ciudades que somos y Poder trans reúnen a historietistas actuales en fomentos desprejuiciados del empacho compilatorio. La primera –ganadora del segundo Premio de Novela Gráfica Ciudades Iberoamericanas e ideal compañera de la reciente miscelánea Pibas del sello Hotel de las Ideas- está firmada por el colectivo femenino/feminista global Chicks on Comics y aborda en sus relatos la visita breve en cuadritos a urbes varias del planeta. Así, la ecuatoriana-porteña Powerpaola regresa a su Medellín de juventud en una escala taciturna y preciosamente graficada para constatar que la vida es un constante arribo y despegue.  Similar en su deriva pero menos cosmopolita, Caro Chinaski acude como invitada a la pintoresca feria del libro de Tres Arroyos y la asimismo argentina Clara Lagos la imita en destino próximo al transportarse a una infancia muda y agitada en Mar del Plata. Delius, la singapurense Pixin y la letona Zane Zlemesa –retratistas de Río de Janeiro, Santa Marta y Buenos Aires- completan un libro apaisado entre la crónica, el turismo y la aventura existencial que se lee como grafiti portátil. Fruto de una convocatoria extendida a nivel latinoamericano, Poder transreúne a artistas emergentes que trabajan en torno al concepto de diversidad sexual. Los aportes integran un volumen que atraviesa binarismos de genéro, purismos formales y límites continentales: hay de todo y para “todes” en estas páginas ya bien cubiertas por una elocuente ilustración de negro sobre rosa de Jovan Israel. De lo tierno a lo explícito, de la anécdota personal al registro histórico, del cartoon al realismo, es posible encontrarse con “Anilina” de Lino Arruda (Brasil), que en sintonía lésbico-autorreferencial con la reconocida Alison Bechdel testimonia cómo es volver a la casa de infancia tras la salida del clóset y desempolvar ropas y juguetes de antiguos condicionamientos ante una madre comprensiva. “Felices 27 vidas y sus respectivas muertes” de Clara Esborraz (Rafaela, Santa Fe) es un retrato travesti de decadentismo gótico y líneas refinadas que se focaliza de manera obsesiva en el pelaje azabache que comparten una peluca y animales sórdidos en el encierro habitacional. En “Tratamiento hormonal” de Manuel Strusa (Buenos Aires) un joven andrógino de estilo manga constata su transición físico-química hacia la velluda masculinidad mientras mira lampiñas fotos del pasado en el celular junto a su gato. Y “Chuquichinchay” de la colectiva transfeminista peruana No Tengo Miedo revisa de forma sucinta episodios destacados sucedidos en el altiplano desde tiempos posteriores a la Conquista hasta el presente y que incluye mitos incaicos, persecuciones de sodomía, batallas legislativas y violentos “mariconicidios”. Vaqueros, árboles, drones Lo clásico también es contemporáneo, y así historietas como las del famoso vaquero franco-belga Lucky Luke circulan en librerías por iniciativa de Libros del Zorzal. Leyenda inoxidable del cómic y el Lejano Oeste, el personaje devenido franquicia ha sido aggiornado por los jóvenes Achdé y Jul, que asumieron el titánico riesgo de ser comparados con Morris y René Goscinny -firmantes de la edad de oro de la criatura y próceres enciclopédicos del noveno arte-. El equipo creativo se estrena en la Argentina con Un cowboy en París, que en su escenario decimonónico recrea las vicisitudes transoceánicas que llevaron a levantar la Estatua de la Libertad neoyorquina. Luke debe escoltar al escultor Auguste Bartholdi a Francia para ayudarlo a concluir el monumental proyecto que comparte con Gustave Eiffel y evitar que el megalómano creador de prisiones Abraham Locke lo eche todo a perder en pos de imponer su fascismo enrejado. La libertad, igualdad y fraternidad marca de la casa se enfrentan a la seguridad regional con guiño a Trump: el “hombre que dispara más rápido que su sombra” se adapta a los valores iluministas para transformar al western en una comedia humanitaria. El álbum aparece en simultáneo a Remontando el Mississipi y Billy the Kid, que permiten constatar el frenetismo elegante de Lucky Luke en la era Morris-Goscinny; y la primera entrega de El gran visir Iznogud, humorada de Goscinny y Jean Tabary dedicada a satirizar el polar y palaciego mundo árabe. La distancia no puede ser mayor con El observador silencioso, tratado visual arbóreo de Roberta Di Paolo (Buenos Aires, 1990). En los extremos del cómic alternativo e incluso radical en esa etiqueta, la artista se hace eco del trabajo no narrativo de extranjeras como la estadounidense Aidan Koch y propone un recorrido fascinante por las acepciones ópticas y poéticas del frondoso universo “plantae”. Con raíces en la fragmentación y superposición de planos de las artes visuales, Di Paolo representa texturas, sombras, luminiscencias, hojas, ramas, flores, cielos y paisajes con trazos de lápiz que bordean la desaparición, reduciendo la presencia humana a manos, caras y globos de texto vacíos o susurrantes. Hay algo del minimalismo botánico de Emily Dickinson y de cierto orientalismo (la edición, símil revista de tapas blandas, se lee de derecha a izquierda) en este trance sutil, misterioso y melancólico. Volviendo al estado de cosas y las urgencias de la opinión pública, Verax del periodista Pratap Chatterjee y el viñetista político Khalil se mete de lleno en la dimensión conspirativa del desarrollo tecnológico bélico y comunicacional que siguió al 11-S. La vigilancia corporativo-militar masiva no es enigma luego de las revelaciones de disidentes como Julian Assange, conversos como Edward Snowden o documentalistas como Laura Poitras (que aparecen en el libro), aunque aquí los autores consiguen resumir el inquietante panorama con claridad didáctica y eficacia secuencial en la estela del mejor periodismo de historietas que consagró Joe Sacco. Del espionaje digital a escala multitudinaria en pos de la guerra contra el terrorismo de la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos al estrés postraumático de los pilotos de drones que matan inocentes a distancia, Verax–que significa “el que dice la verdad”, uno de los tantos seudónimos de Snowden- corrobora que la información seria sigue siendo un bien tan necesario como arriesgado. Las ciudades que somos Chicks on Comics Sexto Piso 88 páginas Poder trans Varios autores Editorial Municipal de Rosario 140 páginas Lucky Luke: Un cowboy en París Jul y Achdé Libros del Zorzal 48 páginas El observador silencioso Roberta Di Paolo Wai Cómics 90 páginas Verax Pratap Chatterjee y Khalil Salamandra Graphic 240 páginas
  
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